Dando gracias

Dar gracias en medio de una situación difícil es realmente complicado, pero se puede y es posible. Ser agradecido solo cuando todo te va de maravilla no tiene tanto mérito ni tanto impacto en tu vida.

Aceptar que tengo que batallar con trastorno bipolar por el resto de mi vida no ha sido una tarea fácil y llegar a dar gracias en medio de esto me ha costado muchos años.
¿A quién le gusta que le diagnostiquen una enfermedad mental o cualquier otra? Y, en general ¿Le gusta a alguien recibir una mala noticia como la pérdida de un empleo o la muerte de un ser querido? A mí desde luego no y tampoco creo que le guste a la mayoría de las personas.

Terminé la universidad y me dispuse a buscar trabajo con mucha ilusión en medio de la crisis económica que arrastrábamos desde el 2008. Tenía muchas ganas de dejar mi empleo de ayudante de cocina los fines de semana, en el que estuve trabajando durante los cuatro años de la carrera, para por fin ejercer mi profesión.

Era muy frustrante esforzarse en hacer entrevistas de trabajo para que el resultado siempre fuese el mismo: «Ya te llamaremos».
Mi ánimo iba decayendo hasta que encontré un trabajo de comercial en una inmobiliaria que vendía pisos en el Barrio de Salamanca en Madrid. Lo di todo por aferrarme al único empleo que encontré tras varias entrevistas fallidas. Pero todo fue una farsa, trabajé gratis durante dos semanas mientras me decían que ya me darían el contrato para firmar.

Capté clientes potenciales, muy interesados en los pisos, muchos de ellos eran inversores, para que después de todo me dijeran: «Lo sentimos pero finalmente no te haremos el contrato, danos tu agenda de visitas de la próxima semana. Si necesitas una carta de recomendación te la daremos pero finalmente no te haremos el contrato, muchas gracias».

En esas dos semanas de intenso trabajo apenas pude dormir del estrés que me supuso. Me olvidaba de comer por dar prioridad a las citas que tenía agendadas con los clientes para visitar pisos por Madrid, que me rompí por primera vez tanto física como mentalmente. Pocos días después ingresé en la unidad de psiquiatría en el Hospital Universitario La Paz.

Mi padre se dio cuenta de que algo no estaba bien en mí cuando me escuchaba hablar y, tras llevarme al médico de cabecera, éste determinó que debía acudir a urgencias. Solo recuerdo estar en la sala de espera con mi padre y escuchar voces a mi alrededor mientras nos atendían. No era nada consciente de que mi mente no funcionaba bien. Los médicos, tras hacerme varias pruebas, determinaron mi ingreso hospitalario. Como no conseguía dormir con nada, solo recuerdo que me inyectaron en el brazo izquierdo y me dejaron en espera en una sala llena de pacientes.
No sé en qué momento me dormí ni cuando me desperté.

Durante mucho tiempo esto ha sido una recuerdo bastante traumático para mí, sobre todo cuando me acordaba de los últimos días que viví en el hospital durante este primer ingreso, en los que ya fui consciente en donde me encontraba. Cuando ya me dieron el alta y leí el informe médico, las palabras como “verborrea”, “maniaco”, “psicótico” o “delirante” causaron mucho daño en mí, al punto de llegar a creerme que estaba loca.
Para colmo no ayudaba nada escuchar bromas y comentarios en algunas conversaciones en la calle o en grupos de amigos sobre el trastorno bipolar. La típica frase que se dice en voz alta por hacer una broma: ¿Eres bipolar, no? Me hacía mucho daño.
Alguien que padece trastorno bipolar normalmente lo sufre en silencio y solo los más allegados lo conocen. Es extremadamente duro asimilarlo y más aún cuando se escuchan bromas al respecto de personas que no entienden ni saben de lo que están hablando.

Desde los veintidós años que me diagnosticaron, me han tratando cinco psiquiatras diferentes. Uno de ellos que está entre los dos mejores que he tenido, me regaló un libro titulado Convivir con trastorno bipolar escrito por Eduard Vieta Pascual (psiquiatra), y Francesc Colom Victoriano (psicólogo e investigador). Aunque al principio me costó leerlo, con el tiempo me ha ayudado mucho a entender mejor mi diagnóstico y a ser consciente de que ni yo, ni mi familia ni nadie tiene la culpa. Que padeceré este diagnóstico por el resto de mi vida, que no se trata de locura y sobre todo que debo ser muy responsable en cuidar mi salud cada día hasta que me muera.

Entender y aceptar el diagnóstico de los médicos me ha quitado un peso de encima que llevaba cargando por mucho tiempo. He aprendido a dar gracias en medio de todo, porque aún a pesar de los altos y bajos de mi estado de ánimo, a veces llenos de euforia y otras llenos de depresión, he podido crecer como persona y como profesional.
Desde que me diagnosticaron hasta ahora, he experimentado el amor y cuidado incondicional de Dios, me he casado con el amor de mi vida, quien ha estado conmigo siempre desde que tenía quince años. He trabajado durante varios años como administrativa en grandes y pequeñas empresas. Cada día que pasa controlo mejor el estrés y la ansiedad. He aprendido a perdonar más rápido a los demás aunque a veces sus decisiones y comentarios hacia mi diagnóstico duelan.
He desarrollado una fuerte resiliencia ante las diferentes adversidades con las que me he encontrado por el camino.
Y sobre todo, he aprendido a aceptarme y a quererme aunque en algunas temporadas haya cogido peso. Esto me ha impulsado a cuidarme mejor después de las temporadas difíciles.

Aprender a dar gracias y ser agradecido, sea en lo bueno o en lo malo que nos toque vivir, trae sin duda muchos beneficios a nuestra salud mental. Está comprobado científicamente.

No solo nos ayuda aprender a enfocarnos en lo bueno trayendo beneficios a nuestro cerebro, sino que nos impulsa a tener una mejor perspectiva de la vida.
Tengo la costumbre desde que lo descubrí, durante la pandemia del COVID, de tener un diario de agradecimientos. Lo siguiente que hago tras mi cita con el Creador cada mañana, es dedicar unos minutos para escribir tres cosas por las que me siento agradecida. En algunas ocasiones doy gracias por el apoyo incondicional de mi marido, por la familia, por mi trabajo actual o simplemente doy gracias por el aire que puedo sentir y respirar.
Y cuando llega un día en el que quizá no sienta agradecer por nada, simplemente vuelvo a leer los motivos por los que he estado agradecida anteriormente y eso me ha impulsado a tener nuevos motivos para agradecer.

Al igual que con el perdón, no se trata de sentir o no perdonar, no se trata de sentir agradecer o no. Perdonar y agradecer se trata de una decisión consciente que haces para sanar y enfocar tu mente en lo bueno y lo positivo. Sobre todo para liberar tu alma de la negatividad y la toxicidad que traen los pensamientos negativos y el rencor en el caso del perdón. Decidirlo con intencionalidad es la clave.

Aunque ahora ya hay estudios que demuestran los beneficios de aprender a dar gracias, nuestro Creador en su infinita sabiduría, ya lo dejó plasmado en la Biblia mucho tiempo atrás:

 

Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.
‭‭1 TESALONICENSES‬ ‭5‬:‭18‬ ‭RVR1960‬‬

 

“Dad” implica acción, por tanto es una decisión, no un sentimiento. No dice que demos gracias “por” todo. No está sugiriendo que yo tenga que dar gracias por ser diagnosticada con una enfermedad mental, pero sí dice que demos gracias “en” todo. Lo que significa que puedo dar gracias en cualquier situación en la que me encuentre, a pesar de que sea buena o mala. En mi caso me impulsa a dar gracias en medio de la dificultad de la enfermedad con la que tengo que convivir por el resto de mi vida.

 

Hoy me siento agradecida por estos tres años de recuperación de mi salud tras mi último ingreso hospitalario, por este largo desierto que he pasado a pesar de que algunos de mis hábitos hayan tambaleado y haya experimentado muchos cambios a nivel personal y profesional.
Doy gracias porque hoy puedo compartir con libertad y sin miedo mi proceso de reconstrucción con los demás y porque he contado con la paciencia, el cuidado y el apoyo de mi marido que me han dado la fuerza necesaria para continuar cada día.

¿Y tú, por qué estás agradecido hoy?
Te invito a escribirlo y meditar sobre ello.

¡Con mucho cariño!
Ester Flores.

 

Foto de Priscilla Du Preez 🇨🇦 en Unsplash

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