Uno de los grandes placeres de este mundo, al menos desde mi punto de vista, es dormir. No hay nada mejor que una buena siesta y dormir a pierna suelta.
Antes de casarme solía dormir unas diez horas, de eso apenas y me acuerdo porque mi media actual oscila entre las seis y siete horas.
Entre los hábitos que más me ha costado retomar desde mi último ingreso hospitalario está el de levantarme a las cinco de la mañana para prepararme para el día que tenía por delante. Aunque nunca ha sido fácil para mí este hábito de madrugar, lo conseguí durante varios años y pensé que lo tenía totalmente controlado.
Estos casi tres años de recuperación de mi salud mental, sumado a las ganas de seguir durmiendo y extendiendo las alarmas lo máximo posible para despertarme cerca de la hora de salir de casa para ir a trabajar, me han robado los beneficios de preparar con intencionalidad cada día para vivirlo al máximo, con sentido y con propósito.
Además, siendo totalmente honesta, no es que solo me guste dormir, es que mi tendencia natural suele tirar más hacia la pereza que a la disciplina. De ahí que me haya resultado muy difícil todo este tiempo retomar otra vez este hábito.
Así que aunque aún estoy en este proceso de despertarme pronto cada día para conseguir que sea permanente nuevamente en mi vida, sí que es verdad que una de las cosas que me ha ayudado mucho a darme cuenta de que necesito recuperarlo, ha sido buscar recursos y empaparme de nuevo de toda la información posible de los beneficios que trae.
Y esto es realmente clave, al menos cuando sientes que lo intentas y no lo consigues, que ves los días pasar y nada cambia, que todos los días son iguales y vas como por inercia en la vida con el trabajo, la familia, la casa, el estrés, la ansiedad y el sentimiento de frustración constante empieza a incrementar con el paso del tiempo.
Evidentemente hay muchos recursos y mucha información que podemos encontrar en redes sociales, internet, podcast o en libros sobre casi cualquier tema, pero tengo que reconocer que mis recursos favoritos son los libros y los podcast.
Indagando y buscando di con tres libros realmente buenos y son los siguientes:
– El poder para cambiar – Craig Groeschel
– Hábitos atómicos – James Clear
– El club de las 5 de la mañana – Robin Sharma. Este autor lo conocí gracias a mi marido a quien también le encantan los podcast y en uno de ellos escuchó una entrevista del autor.
Pero la verdad es que llega el momento de pasar a la acción y eso es lo que más me ha costado. Los había leído, entendido, subrayado y tomado conciencia de que debía ponerme manos a la obra pero la realidad es que no solo lo postergaba sino que cada vez que hacía el mínimo intento fracasaba.
Esto me hizo pensar con profundidad en qué me pasaba realmente y llegué a conclusión de que no tenía entrenada mi fuerza de voluntad.
Mi marido es un experto en fuerza de voluntad porque es muy disciplinado cuando se propone algo. Por ejemplo el gimnasio, entrena tenga o no tenga ganas y obtiene resultados muy buenos. Durante varios años ha estado ejercitando su fuerza de voluntad en hacer ejercicio y mantenerse en forma.
Me dio un consejo que, bajo mi punto de vista, era un tanto simple y obvio pero en realidad funciona para entrenar la fuerza de voluntad:
«El problema es que te lo piensas demasiado, hazlo sin más. Incluso el día que no tienes ganas, si lo haces te sentirás mucho mejor».
Me suele decir que tengo la tendencia a pensar demasiado las cosas y que cuando tengo mejor resultado es cuando no pienso tanto ni doy tantas vueltas, que la idea original que tengo es la mejor. Y tengo que admitir que tiene toda la razón.
Así que cada vez que me suena el despertador, no me doy tiempo a pensar tanto, me levanto de la cama y voy directa al baño, luego bebo un vaso de agua y me dispongo a preparar el día. Y realmente funciona. Eso sí, para que sea duradero en el tiempo he tenido que aplicar una estrategia adicional mencionada por la psiquiatra Marián Rojas Estapé y es definir de antemano que aquella actividad que queremos realizar para dejar de procrastinar será solamente durante cinco minutos.
Esto le da una señal de descanso al cerebro de que solo haremos esa actividad durante ese tiempo. De manera que una vez que ya iniciamos y nos ponemos en marcha, pasarán los cinco minutos sin darnos cuenta y luego se extenderá a más tiempo, porque precisamente si pensamos que la tarea llevará más tiempo nos dará mucha más pereza.
Cada día me estoy levantando de la cama sin pensarlo tanto, evitando poner un sinfín de alarmas y con la idea preestablecida de que serán solamente cinco minutos y me siento muy feliz de que lo estoy consiguiendo y mi objetivo se va cumpliendo a medida que voy entrenando mi fuerza de voluntad.
Es posible reconstruir lo que se había roto y se puede incluso disfrutar del proceso mientras se prosigue a la meta que queremos llegar.
Craig Groeschel cita en su libro El Poder para cambiar: «Enamórate del proceso, no del resultado».
Y es que somos seres complejos, un compendio de emociones, pensamientos y tendencias naturales con las que batallamos cada día por el resto de nuestras vidas. Si nos obsesionamos más con el resultado futuro que con disfrutar de lo que aprendemos en el proceso de nuestro presente, siempre estaremos frustrados.
Somos seres humanos que estamos en un proceso de crecimiento constante, llenos de errores e imperfecciones que necesitan irse puliendo despacio, sin prisas pero sin pausas, con un enfoque y una meta clara.
Tenemos fuerza de voluntad y esta se entrena. Además de estrategias y métodos, necesitamos muchas veces paciencia con nosotros mismos y celebrar los pequeños logros que vamos consiguiendo en lo que nos hemos propuesto, aunque al principio no seamos muy constantes y sintamos fracaso.
Sin duda fue el propio Creador quien nos diseñó para superar cualquier obstáculo en la vida:
Pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor y timidez, sino de poder, amor y autodisciplina.
2 Timoteo 1:7 NTV
Hoy celebro mi pequeño logro de levantarme cada día temprano con este texto de la Biblia, porque me recuerda que estoy plenamente capacitada y que tengo autodisciplina.
Me siento realmente agradecida por lo que estoy aprendiendo en el proceso de reconstruirme.